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Ocho años atrás... y lo que viene
Monday, 11 de February de 2008

Encendiendo Conciencias

Cientos de estudiantes encarcelados por defender a la UNAM de la privatización que el Banco Mundial ordenó; cientos de miles de padres de familia, organizaciones populares, estudiantes, profesores, trabajadores y pueblo conciente en las calles exigiendo la libertad para los presos políticos universitarios; un gobierno empecinado en hacer pasar a los huelguistas como “terroristas”, “despojadores”, “peligrosos sociales”.

El 1 y 6 de febrero del año 2000, la Universidad Nacional fue pisada con la bota militar de más de 2 mil 500 elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP) para terminar con la huelga del CGH que, terca como ella sola, se opuso a la privatización de la máxima casa de estudios. Exigió la eliminación de cualquier tipo de cobro a los estudiantes dada la premisa constitucional de que la educación que imparta el Estado debe ser gratuita en todos sus niveles; la cancelación de la relación de la UNAM con la empresa privada CENEVAL para que no fuera esta, sino la propia Universidad, la que definiera los mecanismos académicos más apropiados para la aceptación de los estudiantes de nuevo ingreso; así como la derogación de los reglamentos que impedían a los que más les cuesta trabajo estudiar (a los que menos tienen) terminar sus estudios por los rígidos límites de tiempo que se imponían.

Defender la educación gratuita, hacer valer la autonomía universitaria e impedir que los estudiantes de abajo sean filtrados y echados de la educación por mecanismos absurdos era para las autoridades y para el gobierno un verdadero acto terrorista. En cierto sentido lo era, imagínense el terror que debe haber sentido el entonces rector Barnés, al ver que ante sus amenazas de que las autoridades estaban “preparadas para una huelga larga”, lo único que logró fue afianzar más la firmeza de los estudiantes rebeldes; imagínense el terror que sintió el entonces presidente Zedillo al darse cuenta que a cada golpe, a cada secuestro, a cada infamia que lanzaba sobre el CGH, este se hacía más fuerte; imagínense el terror que sintieron Televisa y TV Azteca, cuando se cansaron de difamar al movimiento estudiantil, mañana, tarde y noche, día tras día durante los más de 10 meses que duró la huelga universitaria, tanto en noticiaros como en sus numerosos programas de chismes y basura, y no lograron aislar a los estudiantes de su pueblo, para el cual defendían una Universidad que les querían arrebatar del todo y para siempre.

Pues sí, para los gobernantes y empresarios, para el clero y los medios de comunicación, los estudiantes huelguistas eran unos verdaderos terroristas. Por eso, en el desenlace de la huelga, encarcelaron a casi mil de ellos y persiguieron a otros tantos. Se trató de hacer valer la brutalidad por sobre la razón, la bota militar sobre la conciencia de los estudiantes.

Y qué fiasco les ha dado la historia, que a ocho años les sigue restregando en su cara la derrota. Gastaron millones para tratar de engañar al pueblo, se llevaron el desprestigio de meter a la PFP a las instalaciones de la UNAM, crearon un repudio generalizado a nivel nacional y mundial por tan artera acción, y al final, ¿qué es lo que tienen?

Tienen una Universidad aun pública, donde la inscripción es de 20 centavos anuales, donde los cobros por trámites y servicios están prohibidos a pesar de que algunos directores, donde no ven resistencia estudiantil, comienzan a reimponer estos cobros ilegales. Dejaron una Universidad más politizada, con más colectivos estudiantiles, con más sensibilidad social y crítica a los atropellos del gobierno, aunque con el paso del tiempo esto vaya mermando y los medios logren poco a poco sembrar apatía entre la comunidad de la UNAM, lo real es que esta ya no es la misma y ante cualquier represión, cualquier arrebato, cualquier injusticia, en la Universidad hay siempre voces y puños que se levantan.

La gratuidad de la UNAM es tan incuestionable, está tan arraigada, que ya hasta el nuevo rector, José Narro Robles, quien participara directamente en la represión hace 8 años y a quien el carcelero De la Fuente le encargara la Coordinación para la Reforma Universitaria para golpear cotidianamente al movimiento estudiantil, este nuevo porro perfumado José Narro tiene que decir públicamente que no va a tocar la gratuidad, tampoco se compromete con ella, pero simplemente dice que este no es el momento para reimponer los cobros.

Lo que sí ha anunciado, y ya vemos en los hechos que va en serio, es la contrarreforma al Estatuto del Personal Académico (EPA) y a los Planes y Programas de Estudio (PPE) de toda la Universidad. En pocas palabras, la reforma al EPA significa despojar a los profesores de más derechos, correr a los profesores ayudantes o adjuntos, y someter al personal académico en un mar de puntitos que lo dejarán absorto, con menos tiempo para dedicarle al alumnos, y más a la burocracia.

Y en cuanto a los PPE, ya la ofensiva ha comenzado, se trata de amarrar los contenidos de estudio a las necesidades del gran capital, si se estudia una Ingeniería, quitarle el rigor científico y concentrarse en lo operativo, en lo técnico; si se trata de Historia, eliminar la crítica y la explicación de los procesos sociales, concentrarse en las fechas y los héroes; si se trata de Sociología, eliminar el pensamiento crítico, borrar el marxismo y el estudio de América Latina, concentrarse en el fortalecimiento del positivismo, individualismo y egoísmo disfrazado de ciencia; si se trata de Economía, sepultar los contenidos críticos, históricos y sociales, quitar la formación integral quitando el marxismo y aumentando las materias instrumentales como contabilidad, econometría y matemáticas, es decir, no ser economista para resolver los problemas económicos del pueblo, sino para contar eficientemente los dineros del patrón.

Estos frentes de lucha son los que estarán en el centro en las próximas semanas en la UNAM. Los estudiantes concientes y aguerridos del CGH ganaron una importante batalla hace 8 años, pero la amenaza sigue latente y toma nuevas formas.

Estas nuevas batallas son las que definirán el rumbo que tome la máxima casa de estudios en el futuro. Ser una institución de calidad al servicio del pueblo y sus necesidades, o una sometida al objetivo primordial de los grandes magnates: hacer crecer sus ganancias.

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